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jueves, 29 de octubre de 2026

Asís reúne a las religiones del mundo en un llamado a la paz: «Solo la paz es santa»

 

Vatican news

ASÍS, ITALIA. Del 25 al 27 de octubre de 2026, la histórica ciudad de Asís se convirtió nuevamente en un punto de encuentro para representantes de distintas religiones, culturas e instituciones, reunidos con un propósito común: reflexionar sobre la paz y buscar caminos de diálogo en un mundo marcado por las guerras, las tensiones internacionales y el sufrimiento de millones de personas.

Bajo el lema Una paz desarmada y desarmante, el Encuentro Internacional por la Paz conmemoró el 40.º aniversario de la histórica jornada de oración convocada por san Juan Pablo II el 27 de octubre de 1986. En aquella ocasión nació una iniciativa que dejó una huella profunda en la historia del diálogo interreligioso y que continúa inspirando a quienes consideran la paz una responsabilidad compartida.

Según los organizadores, la edición de 2026 reunió a 384 representantes de religiones, culturas e instituciones procedentes de 53 países, con 155 ponentes distribuidos en 24 foros temáticos.

El Espíritu de Asís: cuatro décadas de diálogo

Cuarenta años después de aquel encuentro histórico, Asís vuelve a recordarle al mundo que las diferencias religiosas no tienen por qué convertirse en motivos de enfrentamiento.

Las tradiciones espirituales poseen historias, creencias y prácticas distintas. Sin embargo, el respeto por la vida, la preocupación por el sufrimiento humano y la aspiración a una convivencia pacífica pueden abrir espacios de colaboración.

El Espíritu de Asís no propone que las religiones renuncien a sus identidades ni que oculten sus diferencias. Invita, más bien, a reconocerse, escucharse y trabajar juntas allí donde la dignidad humana y el bien común necesitan ser defendidos.

En una época en la que los conflictos armados siguen afectando a numerosas poblaciones, el encuentro puso de relieve la importancia del diálogo, la mediación, el desarme y la solidaridad como caminos para construir una paz duradera.

La paz exige más que palabras

El programa incluyó 24 foros dedicados a cuestiones fundamentales de nuestro tiempo, entre ellas los conflictos internacionales, el desarme nuclear, la migración, la pobreza, el medioambiente, la democracia y la responsabilidad de las religiones en la construcción de la paz.

Estos espacios de reflexión plantean una pregunta esencial: ¿cómo transformar las convicciones espirituales y los principios éticos en acciones concretas que ayuden a aliviar el sufrimiento humano?

La paz no se construye únicamente mediante declaraciones solemnes. También requiere decisiones políticas responsables, educación para la convivencia, protección de las poblaciones vulnerables y esfuerzos sostenidos para resolver los conflictos sin recurrir a la violencia.

Por eso, el diálogo interreligioso adquiere un significado especial cuando contribuye a crear vínculos entre comunidades, superar prejuicios y favorecer iniciativas humanitarias.

El mensaje del papa León XIV: «Solo la paz es santa»

Uno de los momentos destacados del encuentro fue el mensaje enviado por el papa León XIV, quien no pudo asistir presencialmente debido a las recomendaciones médicas durante su recuperación de una intervención quirúrgica.

En su videomensaje del 27 de octubre, el pontífice expresó una afirmación contundente:

«No existe ninguna guerra santa: solo la paz es santa».

Con estas palabras, León XIV rechazó la justificación religiosa de la guerra y recordó que invocar a Dios para legitimar la violencia contradice el sentido mismo de la fe.

El Papa también destacó la necesidad de cultivar el diálogo entre los creyentes y dentro de la sociedad, de modo que el lenguaje de la arrogancia ceda su lugar al de la paz, la negociación y la comprensión.

Su mensaje invita a reconocer que la construcción de la paz comienza también en el interior de las personas. Desarmar los corazones significa renunciar al odio, combatir los prejuicios y estar dispuestos a escuchar a quien piensa o cree de manera diferente.

Orar desde la propia tradición, encontrarse en la paz

El 27 de octubre, los representantes de las distintas tradiciones religiosas participaron en momentos de oración según sus respectivas identidades y prácticas. Posteriormente, el encuentro culminó con una ceremonia por la paz en la plaza inferior de la Basílica de San Francisco.

Esta manera de encontrarse expresa uno de los principios esenciales del Espíritu de Asís: la unidad no exige uniformidad. Las personas pueden conservar sus convicciones y, al mismo tiempo, reconocerse como miembros de una humanidad que comparte responsabilidades y esperanzas.

El diálogo auténtico no consiste en afirmar que todas las religiones son iguales, sino en comprender que sus diferencias no deben impedir la cooperación para proteger la vida, aliviar el sufrimiento y construir una convivencia más justa.

Una responsabilidad compartida ante el futuro

El encuentro de Asís 2026 concluyó con un mensaje que trasciende las fronteras religiosas: la paz necesita el compromiso de los gobernantes, las instituciones, las comunidades espirituales y la sociedad civil.

Las palabras pronunciadas durante estos días adquieren verdadero sentido cuando se convierten en acciones: cuando se protege a quienes sufren la guerra, se tienden puentes entre comunidades enfrentadas, se combate la intolerancia y se promueven condiciones de vida dignas para todos.

Quizá uno de los mayores aportes del Espíritu de Asís sea recordarnos que la paz no exige pensar igual, sino reconocer la humanidad del otro.

En un mundo donde las diferencias se utilizan con frecuencia para levantar barreras, encontrarse desde el respeto constituye un acto de esperanza.

Y el mensaje que queda en Asís puede expresarse con sencillez: ninguna creencia debería utilizarse para justificar el odio. La fe, cuando se pone al servicio de la vida y de la dignidad humana, puede convertirse en un puente hacia la reconciliación.

Porque la paz no pertenece a una sola religión, a una nación ni a una cultura. Es una responsabilidad de toda la humanidad.


El Principio Filosófico número 10 de la Filosofía de la Luz, es:

El propósito último es elevar a la humanidad. La Filosofía de la Luz no busca imponer dogmas, sino ofrecer un camino para que la humanidad avance hacia una civilización del amor, de la luz y de la paz.