| Vatican news |
ASÍS, ITALIA. Del 25 al 27 de octubre de 2026, la
histórica ciudad de Asís se convirtió nuevamente en un punto de encuentro para
representantes de distintas religiones, culturas e instituciones, reunidos con
un propósito común: reflexionar sobre la paz y buscar caminos de diálogo en un
mundo marcado por las guerras, las tensiones internacionales y el sufrimiento
de millones de personas.
Bajo el lema Una paz desarmada y desarmante, el
Encuentro Internacional por la Paz conmemoró el 40.º aniversario de la
histórica jornada de oración convocada por san Juan Pablo II el 27 de octubre
de 1986. En aquella ocasión nació una iniciativa que dejó una huella profunda
en la historia del diálogo interreligioso y que continúa inspirando a quienes
consideran la paz una responsabilidad compartida.
Según los organizadores, la edición de 2026 reunió a 384
representantes de religiones, culturas e instituciones procedentes de 53
países, con 155 ponentes distribuidos en 24 foros temáticos.
El Espíritu de Asís: cuatro décadas de diálogo
Cuarenta años después de aquel encuentro histórico, Asís
vuelve a recordarle al mundo que las diferencias religiosas no tienen por qué
convertirse en motivos de enfrentamiento.
Las tradiciones espirituales poseen historias, creencias y
prácticas distintas. Sin embargo, el respeto por la vida, la preocupación por
el sufrimiento humano y la aspiración a una convivencia pacífica pueden abrir
espacios de colaboración.
El Espíritu de Asís no propone que las religiones renuncien
a sus identidades ni que oculten sus diferencias. Invita, más bien, a
reconocerse, escucharse y trabajar juntas allí donde la dignidad humana y el
bien común necesitan ser defendidos.
En una época en la que los conflictos armados siguen
afectando a numerosas poblaciones, el encuentro puso de relieve la importancia
del diálogo, la mediación, el desarme y la solidaridad como caminos para
construir una paz duradera.
La paz exige más que palabras
El programa incluyó 24 foros dedicados a cuestiones
fundamentales de nuestro tiempo, entre ellas los conflictos internacionales, el
desarme nuclear, la migración, la pobreza, el medioambiente, la democracia y la
responsabilidad de las religiones en la construcción de la paz.
Estos espacios de reflexión plantean una pregunta esencial:
¿cómo transformar las convicciones espirituales y los principios éticos en
acciones concretas que ayuden a aliviar el sufrimiento humano?
La paz no se construye únicamente mediante declaraciones
solemnes. También requiere decisiones políticas responsables, educación para la
convivencia, protección de las poblaciones vulnerables y esfuerzos sostenidos
para resolver los conflictos sin recurrir a la violencia.
Por eso, el diálogo interreligioso adquiere un significado
especial cuando contribuye a crear vínculos entre comunidades, superar
prejuicios y favorecer iniciativas humanitarias.
El mensaje del papa León XIV: «Solo la paz es santa»
Uno de los momentos destacados del encuentro fue el mensaje
enviado por el papa León XIV, quien no pudo asistir presencialmente debido a
las recomendaciones médicas durante su recuperación de una intervención
quirúrgica.
En su videomensaje del 27 de octubre, el pontífice expresó
una afirmación contundente:
«No existe ninguna guerra santa: solo la paz es santa».
Con estas palabras, León XIV rechazó la justificación
religiosa de la guerra y recordó que invocar a Dios para legitimar la violencia
contradice el sentido mismo de la fe.
El Papa también destacó la necesidad de cultivar el diálogo
entre los creyentes y dentro de la sociedad, de modo que el lenguaje de la
arrogancia ceda su lugar al de la paz, la negociación y la comprensión.
Su mensaje invita a reconocer que la construcción de la paz
comienza también en el interior de las personas. Desarmar los corazones
significa renunciar al odio, combatir los prejuicios y estar dispuestos a
escuchar a quien piensa o cree de manera diferente.
Orar desde la propia tradición, encontrarse en la paz
El 27 de octubre, los representantes de las distintas
tradiciones religiosas participaron en momentos de oración según sus
respectivas identidades y prácticas. Posteriormente, el encuentro culminó con
una ceremonia por la paz en la plaza inferior de la Basílica de San Francisco.
Esta manera de encontrarse expresa uno de los principios
esenciales del Espíritu de Asís: la unidad no exige uniformidad. Las personas
pueden conservar sus convicciones y, al mismo tiempo, reconocerse como miembros
de una humanidad que comparte responsabilidades y esperanzas.
El diálogo auténtico no consiste en afirmar que todas las
religiones son iguales, sino en comprender que sus diferencias no deben impedir
la cooperación para proteger la vida, aliviar el sufrimiento y construir una
convivencia más justa.
Una responsabilidad compartida ante el futuro
El encuentro de Asís 2026 concluyó con un mensaje que
trasciende las fronteras religiosas: la paz necesita el compromiso de los
gobernantes, las instituciones, las comunidades espirituales y la sociedad
civil.
Las palabras pronunciadas durante estos días adquieren
verdadero sentido cuando se convierten en acciones: cuando se protege a quienes
sufren la guerra, se tienden puentes entre comunidades enfrentadas, se combate
la intolerancia y se promueven condiciones de vida dignas para todos.
Quizá uno de los mayores aportes del Espíritu de Asís sea
recordarnos que la paz no exige pensar igual, sino reconocer la humanidad del
otro.
En un mundo donde las diferencias se utilizan con frecuencia
para levantar barreras, encontrarse desde el respeto constituye un acto de
esperanza.
Y el mensaje que queda en Asís puede expresarse con
sencillez: ninguna creencia debería utilizarse para justificar el odio. La fe,
cuando se pone al servicio de la vida y de la dignidad humana, puede
convertirse en un puente hacia la reconciliación.
Porque la paz no pertenece a una sola religión, a una
nación ni a una cultura. Es una responsabilidad de toda la humanidad.
El Principio Filosófico número 10 de la Filosofía de la Luz, es:
El propósito último es elevar a la humanidad. La Filosofía de la Luz no busca imponer dogmas, sino ofrecer un camino para que la humanidad avance hacia una civilización del amor, de la luz y de la paz.